Fragmentos y citas

WERNER HERZOG

Conquista de lo inútil

 

“La desquiciada furia de un perro que ha hincado los dientes en la pierna de un ciervo ya muerto, y tira del animal caído de tal manera que el cazador abandona todo intento de calmarlo…”

 

“…en este paisaje inacabado y abandonado por Dios en un arrebato de ira, los pájaros no cantan, sino que gritan de dolor,… entre las brumas de una creación que no llegó a completarse. …y yo como en la estrofa de un poema en una lengua extranjera que no entiendo, estoy allí, profundamente asustado.” 

 

“Una vez más, y como un escalofrío, a pesar de mis intentos por defenderme, tengo la certeza de hallarme en la estrofa de un poema ajeno, y me sacude de tal forma que miro alrededor furtivamente para comprobar si alguiem me ha visto”.

 

“Escaleras empinadas cerca del matadero a la orilla del río donde tienen lugar los asesinatos, porque lo que he visto ahí no era manera de sacrificar vacas. Una se ha escapado con la corriente y se ha ido nadando”.

 

“Los carniceros tiran los cerdos al suelo, los agarran por una de las patas delanteras y la levantan mientras apoyan un pie en el animal; después clavan el cuchillo tranquilamente y escrupulosamente en el corazón. Los cerdos chillan de tal modo que a menudo se les sale un pedazo de pulmón rosáceo por la herida”. 

 

“La mirada de las chicas que uno encuentra aquí son negro sobre negro, vienen de allí donde la oscuridad es más profunda”.

 

“Los niños nos clavan silenciosos sus ojos oscuros”.

 

“Bandas de papagayos vuelan entre alaridos en dirección al sol poniente, como a ocuparse de asuntos urgentes de los que no estamos al tanto”.

 

“Los patos están mudos e inmóviles bajo la lluvia, pensando intensamente en nada”.

 

“Los muertos arrastran consigo a los vivos”.

 

“Nuestro bidón de veintiséis kilos de curare ha causado gran impresión. Por una cucharada de esta masa negra y pegajosa aquí se consigue una mujer para casarse, me ha susurrado respetuosamente un navegante mientras se limpiaba las uñas de los pies con un destornillador”.

 

“Por la noche, a juzgar por el alboroto cada vez mayor, las gallinas se convirtieron en gigantes”.

 

“Un joven de aspecto inteligente y pelo negro me ha preguntado si las películas, o más bien el hecho de ser filmado, puede hacer daño, se puede destruir a una persona. En mi corazón la respuesta ha sido que sí, pero le he dicho que no. Una víbora ha mordido a un niño; he oído a la madre gemir, pero me han dicho que entonaba una canción de lamento”.

 

“Fuera, el sol arrastra velozmente la noche como un telón sobre el escenario al final de una obra. Los pájaros diurnos enmudecen. Por hoy, la farsa ha terminado”.

 

“Se oye el zumbido de un insecto enorme que, en la pesadez febril de la duermevela, alcanza la dimensión de un helicóptero en busca de una posición de ataque adecuada, y aunque lo observo como a través de vahos de niebla y sé que quiere aniquilarme, no consigo reunir la suficiente energía para levantarme y responder con un sordo asesinato”

 

“El tiempo tira de mí como un elefante y los perros me desgarran el corazón”.

 

“…en su ser más íntimo, la naturaleza nunca es pacífica. Incluso cuando se la desnaturaliza, cuando se domestica, sabe devolver el golpe a los domadores y los degrada al nivel de animales domésticos, de cerdos sonrosados, que luego se consumen como grasa en la sartén”.

 

“Una niña pequeña guiaba a otra más pequeña todavía por una calle que iba hacia el interior del mundo”.

 

“Me ha dejado sin aliento cuán inaccesibles amenazan con ser las grietas y los glaciares, cuán majestuosamente se obstinaba la montaña en su soledad”.

 

“Las mujeres indígenas aman los dientes de oro. Contra la selva, los poderes del cielo son impotentes”.

 

“¿Sueña el mono mis sueños conmigo mismo allí arriba en las ramas?.. El sol se ha ocultado ardiendo de cólera. Por un momento, y  creo que es la primera vez de la que guardo recuerdo, la Tierra me ha parecido maternal., cubierta de una selva en descomposición, totalmente apaciguada”.

 

“La selva, que prolifera alrededor de Iquitos, es una huelga permanente en contra de los esfuerzos humanos”.

 

“El cielo incuba una batalla colérica, el cielo trama algo oscuro”.

 

“A plena luz del día, los relámpagos centelleaban mudos y una tormenta ensombrecía el cielo, aunque justo en el medio quedaba un espacio libre para el candente cuchillo homicida del sol, por el que escalaban al cielo unos silenciosos remolinos de polvo, iguales a serpientes, tórridos, de mal agüero. La tormenta no ha estallado en toda la tarde, luego ha desaparecido en la selva distante, sudando y echando humo, como si allá lejos tuviera lugar una violación enorme y atroz”.

 

“Día silencioso, húmedo. La inactividad se suma a la inactividad; las nubes, preñadas por el cielo, observan fijamente hacia abajo, la fiebre gobierna, los bichos crecen hasta convertirse en gigantes. La selva es obscena. Todo es pecaminoso por eso el pecado en cuanto tal no llama la atención, una ira indolente e inmóvil descansa sobre todas las cosas”.

 

“Hoy al amanecer los pájaros abogaban por la continuidad de la Creación. Para ellos, todo lo que no contribuya a perpetuar el statu quo es mortal”.

 

“El susto  me ha hecho saltar: los árboles me gritaban. ¿Ahora hasta los árboles me gritan?”

 

“El río, como siempre, es de una belleza indecente”.

 

“La selva no permite la viudedad”.

 

“Atrás en la selva, los pájaros se insultan”.

 

“Por momentos, cuando la lluvia para y los árboles poco a poco van dejando de gotear, se siente algo parecido a la paz del alma”.

 

“Todos lo pájaros están callados, la lluvia tiene ahora la palabra”.

 

“La naturaleza ha recobrado el juicio, solo la selva sigue amenazante, inmóvil. El río, ese monstruo, fluye sin sonido. La noche cae muy rápido y, como siempre a esta hora, los últimos pájaros insultan a la tarde”.

 

“Una tristeza inédita se extiende sobre la tierra entumecida de silencio. Lo que hoy es un asesinato mañana se llamará sacrificio”.

 

“El día tiene el ánimo de las noches de angustia”.

 

“El río fluye ensimismado, sin plan. La luna, tímida, hoy no se anima a mirar desde el horizonte”.

 

“¿Alguien ha oído suspirar a las piedras?”

 

“…los bananos susurran al viento, pero ya nada me habla a mí”.

 

“Las cigarras nocturnas serruchan el tiempo. El cielo está desamparado y quieto”.

 

“Fuera llueve la lluvia, que gotea a través del techo. Las grandes hojas del banano se inclinan respetuosamente para recibirla. La selva es pura paciencia. La descripción de la lluvia vale para todo un continente”.

 

“El clima es malo, a las gallinas les va mal, a los conejos también. A los gusanos en la tierra les va bien. Ellos se alegran”.

 

“No huyó, estaba agonizando, tranquilo y sumiso a su destino, sin miedo de aquel tremendo acontecimiento que estaba experimentando”.

 

“La muerte es hereditaria”.

 

“…un remolino del que surgen la alegría y el miedo, se decide el curso de las vidas, el nacimiento de los niños y la muerte de los hombres. Y sin embargo hoy, por última vez, el gigante descansa”.

 

“Los bananos están a punto de reventar de crecimiento, desvergonzadamente sexuales. En la tranquilidad de la lluvia, el paisaje practica la sumisión. Una profunda respiración atraviesa la selva, todo está quieto. Los helechos que habían mantenido escondidas sus tiernísimas puntas, se despliegan con vacilación. Plantas carnívoras que destilan grasa invitan a la ruina. Sobre la madera putrefacta, hongos resbaladizos, de pensamientos venenosos. Las penas de la selva parecen hoy menos agobiantes; pudrirse, descomponerse y dar a luz ha sido más fácil. La selva, que solo existe en el presente, aunque desde luego está sujeta al tiempo, se mantiene sin edad. Cualquier concepto de justicia es una contradicción en medio de todo eso. ¿Hay justicia en el desierto? ¿O sobre los océanos? ¿Y bajo su superficie? La vida en el mar debe ser el más puro infierno…”

 

“El río murmuraba, y como no conocía nada más allá de su propia realidad, sencillamente hacía lo suyo”:

 

“Si muriera, no haría más que morir”.

 

“…esperaba mi aprobación acerca del erotismo de la selva. Yo no veo ningún erotismo, solo obscenidad”.

 

 

“Nuestra ropa está siempre tendida bajo la lluvia que no llega. Un río ha nacido ya medio muerto en la negra selva. El sol pasa las noches, acostado en una camilla. Junta, junta junta. Junta palabras, amigo mío, pero nunca será posible terminar alguna vez de describir el fuego”.

 

 

“En el teatro de la selva los espectadores han seguido aplaudiendo dos días después de haber caído el telón”.

 

 

“Por el momento, las cosas no dichas aguardaban pacientemente. Bellas mariposas asediaban los frutos podridos”.

 

 

“El cielo se sucedía todas las mitologías del fin del mundo. En algunos lugares caía la lluvia y surgían arcoíris dobles, el cielo llameaba en toda su extensión, y en las nubes se libraban batallas en las que los rayos caían a tierra como espadas”.

 

 

“Todo se transformaba en un éxtasis cada vez mayor, el horizonte se iluminaba con la locura pulsátil de la belleza. La noche inminente lo ha derruido todo. La última resistencia contra la oscuridad ha sido espantos y sangrienta y escalofriante, en la más profunda lejanía las montañas de nubes de han deformado convulsas. El último sol hurgaba en torres de nubes heridas y sangrantes”.

 

 

“Fuera en la oscuridad, cuatro mil sapos claman por un salvador. Los sapos tienen pensamientos infames y llevan a cabo infames investigaciones. Sin embargo, por nada del mundo quisiera soñar los sueños de los demás. Al final de la vela, la mecha se inclina sin veneración ante lo inevitable”.

 

 

“La cortina de lluvia oculta la curva del río casi por completo. La selva se nubla, aguardando el estallido de las nubes con rigidez mortuoria. La mañana transcurrirá como si nada. Sentados, contemplamos el agua que se niega a subir”.

 

 

“En su amplia y gigantesca miseria, de la que no tiene ni un áìce de conciencia, la inmensa selva ha pasado otra noche muy callada, aunque fiel a su ser más íntimo no la ha dejado transcurrir sin una inimaginable aniquilación, un estrangulamiento inimaginable”.

 

 

“Hay que hablar de la majestuosa miseria de la selva”.

 

 

“El mundo aquí ya no parece dispuesto a dejarse reducir a palabras”.

 

 

“El pavo blanco, el animal vanidoso, se ha acercado resoplando y pavoneándose, ha usado las horribles patas para colocar uno de los patos decapitados, que aleteaba ensangrentado en el suelo, en una posición conveniente, se ha montado encima del animal moribundo, poniéndose rojiazul y glugluteando, y se ha apareado con él”.

 

 

“He escuchado atentamente el silencio atravesado por los gritos de los insectos y de los animales atormentados”.

 

 

“…unas pocas arbitrariedades más de ese tipo, con las que la naturaleza golpea a diestra y siniestra, bastarían para doblegarme en mi impotencia”.

 

 

“Contra la obscena y explícita vileza de la selva, donde solo faltan saurios a modo de signos de puntuación, me siento como la frase a medio terminar y mal articulada de una novela barata.  A uno de los indios se le ha escapado un pedo, de una intensidad tan duradera que ha resonado, en la escandalosa vulgaridad de la naturaleza, como el primer indicio de una voluntad humana de imponer orden”.

 

 

“Fuera, todo parece implorar sin realizarse, sin ser redimido. A mí esto no me conmueve, porque soy como  el cauce vacío de un arroyo que estuvieran dragando. Mi vida es como una casa ajena”.

 

 

“Al amanecer, las  primeras aves de pantano han alzado sus gritos como si no quisieran al día”.

 

 

“… se encontraba, furiosa y humeante, la selva, mientras el río, con majestuosa indiferencia y sarcástico desprecio, todo lo minimizaba: las fatigas de los hombres, la carga de los sueños y los suplicios del tiempo”.

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