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CORRER

Solo siento ganas de correr y no volver atrás.
No quiero saber si eso hace o no hace daño.

 

Cada sueño me recuerda que soy incapaz de encontrar el camino de regreso a casa.
No quiero volver porque se que va a doler.

 

Sólo quiero correr y no saber si me echarán de menos.
Sólo quiero correr.

 

Ir donde nadie me encuentre ni espere nada de mí.
Donde pueda respirar profundamente en paz y por fin saber quién soy.

 

No quiero dar más explicaciones.
No quiero mantener motivaciones falsas y planes que parezcan importantes.

 

Sólo quiero respirar aire puro y mirar el horizonte.
Donde el resto del mundo pueda dejar de existir en cualquier momento.

 

Sólo quiero correr a donde por fin saber quién soy y sentirme en paz y segura.
Pero no sé cómo llegar a ese lugar.

 


 

ENCONTRAR MI LUGAR

Tengo una sensación de constante extravío. Intento mirarme desde fuera y no consigo ver a la persona que esperaba ver, que me había prometido ser, o que por lo menos se asemeje a la idea que proyecté de mí misma en algún momento. Entonces empiezo a dudar sobre cómo realmente me deseé?, sobre cómo realmente me deseo ahora?.

 

Las ideas se mezclan entre anhelos, idealizaciones, frustraciones, decisiones y dudas. Algunas veces me imagino frente a un gran público, otras, perdida en algún lugar lejano y solitario. A veces opino fuerte y rotundo, otras callo con tristeza porque no tengo mucha fe en mi palabra, siento que no me entienden y que no me explico. Me siento sola y libre, acompañada y querida, me siento fuerte y en momentos puntuales, terriblemente frágil.

 

No sé quién soy, no sé cuál es mi lugar, porque hay muchos pequeños lugares que cambian constantemente, como si fuese saltando de piedra en piedra en medio de un río, para acercarme no sé a dónde. En el trayecto voy cambiando y nunca soy la misma igual que el agua del río.

 

No me puedo mantener en un mismo lugar porque no hay espacio para los dos pies, a veces pierdo el equilibrio y me mojo, y me da miedo la corriente, aunque en el fondo sé que las aguas de este río no son muy profundas y nada grave me puede pasar. Eso me hace sentir mediocre, vulgar. Entonces insisto en el pensamiento sobre qué es lo que espero de mí? qué es lo que me había prometido ser? Esto me hace sentir pretenciosa, prepotente.

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