ANODINIA, LA AUSENCIA DEL DOLOR · ANODYNE, THE ABSENCE OF PAIN

Esp

Este fue mi primer proyecto fotográfico, en el pabellón para personas con retraso mental profundo del Hospital Psiquiátrico Julio Endara en Quito-Ecuador, entre 1998 y 2000.

 

Todas estas personas, fueron abandonadas a las puertas del centro o encontradas en calles o carreteras, provienen de familias de escasos recursos, sin acceso a un sistema sanitario que les provea de medicación ni tratamiento.

 

La mayoría de los pacientes no tenían antecedentes a los cuales se pueda acudir para saber algo de su pasado. Los recursos del centro eran casi nulos, por lo que era complicado hacerles un diagnóstico certero y un tratamiento adecuado; sin embargo, reciben terapia física y ocupacional gracias a un grupo de profesionales voluntarios.

 

El personal del centro era escaso, pero asumían su labor con gran dedicación. Entre varios de los pacientes se repartían responsabilidades de acuerdo a sus posibilidades, lo que les permitía sentirse útiles y mantener una rutina que ayude a desarrollar sus pocas habilidades.

 

El centro es visualmente muy impactante; su cotidianidad está condicionada por su escala de valores, necesidades y satisfacciones; el aparente sufrimiento se mezcla con una serie de retos y alegrías, y me era muy difícil saber si estas experiencias se quedaban en sus recuerdos o si realmente no se daban cuenta de nada.

Eng

This was my first photographic project, in the pavilion for severely mentally challenged patients of the Julio Endara Psychiatric Hospital in Quito, Ecuador, between 1998 and 2000.

 

All these people, abandoned at the doors of the center or found on streets or highways, come from low-income families, without access to a health system that provides them with medication or treatment.

 

Most of the patients did not have relatives who could help shed light on their past. The center has very limited resources, which makes it difficult to accurately diagnosis and properly treat the patients. However, they receive physical and occupational therapy from a group of volunteer professionals.

 

The center’s staff is small but extremely dedicated. Responsibilities are divided among many of the patients and tasks are assigned according to their capabilities, allowing them to feel useful and maintain a routine to help develop the few skills they have.

 

The centre is visually very impressive; its daily life is conditioned by its scale of values, needs and satisfactions; the apparent suffering is mixed with a series of challenges and joys, and it was very difficult for me to know if these experiences remained in their memories or if they really didn’t realize anything.